jueves, 27 de marzo de 2014

CARREREANDO LA CHULETA


CHAPARROS, GORDOS Y… ENFERMOS

Por Ronay González

Hace unos días en una de esa tardes que no tengo nada que hacer - y mire que son pocas- estaba leyendo que en China el promedio de altura de los ciudadanos se incrementó notablemente en los últimos años, pero no sólo eso, según el estudio son más inteligentes, y por si fuera poco, siempre han sido flacos, además de muchos, claro.

Por el contrario, los ciudadanos de Estados Unidos engordaron, mucho, tienen a los pacientes más pesados del planeta, aunque el más gordo adivinen de dónde es: mexicano, un originario de Monterrey que llegó a pesar media tonelada.

Me pregunté entonces qué hacemos nosotros por el bien de nuestros chamacos, porque en general, a pesar de que siempre hay uno que otro alto, la mayor parte somos chaparros, lo cual parece no sólo obedece a cuestiones genéticas, porque a excepción de los gigantes de Tula (y me refiero a los monolitos) no tengo yo conocimiento de que nuestros ancestros prehispánicos fueran altos, sabios, eso sí.

La dieta del mexicano es muy rica, pero sobre todo en azúcares, y la verdad es que dejando a un lado los refrescos embotellados, nuestras aguas frescas son deliciosas pero las tomamos ¡re dulces!

Aunque siendo honestos, la culpa de nuestra mala salud es en gran parte nuestra, no sabemos comer, le entramos a los tacos cada que podemos, a veces hasta dos veces al día, no caminamos, no hacemos ejercicio y de frutas y verduras a lo mucho comeremos mango de vez en cuando y algún cocido con papas y chayotes.

Nuestra variedad de platillos es muy grande y deliciosa, plagada de grasa y condimentos, es lo que le da el sabor, pero perfectamente podemos combinarla con una ensalada, o irlas alternando. Modificar costumbres a veces cuesta generaciones, pero habrá que empezar, por ejemplo, si vamos a desayunar huevos, ya no los acompañemos con totopos y frijoles refritos con manteca, además de unas 10 tortillas; hagámonos amigos de los tenedores y las cucharas.

Últimamente la cantaleta de la obesidad, la comida chatarra y todas esas cosas la vemos en todos lados, pero honestamente hay pocas acciones concretas.

Insisto, el decirle a una doña que toda su vida ha cocinado con manteca y “harta sal” que use unas gotitas de aceite y sólo una pizquita de sal es complicado, es como decirle una gran grosería, así que La mayor presión habrá que ejercerla a través de sus hijos, enseñarles a los niños a comer bien, y que a su vez convenzan a sus mamás.

Con las mamás sería bueno trabajar en las escuelas, tal vez con un enfoque más monetario, y verán como sí les interesa, porque dicho sea de paso, comer sano es mucho más barato, de hecho sus abuelas lo hacían, comían hojas, hierbas, raíces, no como nosotros que comemos sopa salada y grasosa, calentada en un vaso de unicel, pues así cómo.

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