martes, 17 de febrero de 2015

CARREREANDO LA CHULETA


CAFÉ, TABACO, UN BUEN LIBRO Y ¡MÁS CAFÉ!

Por Ronay González

Tengo que reconocer que uno de los vicios que no me he podido quitar (si no, no sería vicio), es el de fumar, pero es que la mezcla de café (otro vicio), tabaco y el olor de un buen libro, es un manjar de los dioses.

Me gusta tomar café todo el día. Soy cliente de donde venden café extraordinario y chiapaneco como en el hotel La Casa Rosada de mi amigo Carlos Morán. Lo tomo sin azúcar, bien cargado, me gusta disfrutar del ligero sabor ácido y de ese tono dorado que se dibuja en la orilla de la taza; nunca me ha quitado el sueño, al contrario, me da ideas, aclara las dudas, es hasta afrodisíaco porque dan ganas... usted ya sabe de qué.

Por todo esto propongo una iniciativa de Ley, no soy pre pre pre candidato a nada, así que la puede piratear quien guste, pero debería ser obligatorio que en la región el café que se sirva en restaurantes, desde fondas hasta los de talla internacional; en hoteles, moteles, centros nocturnos, bacanales y anexos, sea café de Chiapas.

Hace muchos años se afirmaba que si todos los mexicanos tomáramos por la mañana una taza de café (mexicano), nuestra economía sería otra, podríamos competir con el primer mundo, así que podríamos empezar por nuestra región y le apuesto a que además nos haríamos famosos, además de que podríamos seguir con otros productos como el chocolate, el mango.

Desconozco si estoy atentando contra las reglas del libre mercado, pero lo que sí sé, es que necesitamos hacer algo por nosotros, por esta región, y el café puede ser nuestra mina de oro no explotada.

Claro que puede haber ideas menos descabelladas, pero a la fecha no he escuchado de ningún cafetalero una buena, creo que ni mala; ni de los productores locales ni de los medio alemanes (lo son cuando les conviene), llorones, quejones y a quienes les encanta aplicar la Ley del Azadón: “todo pa’ dentro nada pa’ fuera”. Mientras salga para sus viajes a Europa y se quejen para que les lleguen buenos subsidios, todo está bien.

Se han hecho esfuerzos gubernamentales como el que anualmente se invierten más de 538 millones de pesos con el propósito de que el estado mantenga su posición como líder en producción de café en México. De acuerdo con cifras del Gobierno del Estado, en 2014 se destinarán más de 30 millones de plantas para la renovación de cafetales en la entidad, cifra que es tres veces mayor a lo que se entregó en 2013, con el propósito de que puedan mejorar sus cosechas, además en la entidad se ha promovido el Programa Renovación de Cafetales, el cual ha ayudado a 40 mil cafetaleros, lo que también significa que el número de productores se ha triplicado en un año gracias a la implementación de este apoyo.

Tampoco puede negarse que el sector está pasando por momentos difíciles entre otras cosas por la roya, por eso además se entregaron más de un millón de plantas de variedades mejoradas y más resistentes a las enfermedades, lo que permitirá a más de 2,000 cafetaleros de la región renovar sus cosechas, al tiempo de hacerlas más eficientes.

Pero me temo que falta más por hacer, por parte de todos. Me preocupan datos como el que Starbucks, esta cadena internacional de café, aseguró que la producción de café arábiga en México y en Centroamérica crecerá un 10% en el ciclo 2014/2015, pero adivine qué, esta cadena no utilizan café chiapaneco, el que venden cuesta 100 pesos y está horrible.

Se me ocurren al menos 10 ejemplos de establecimientos que venden (y compran obviamente) grandes cantidades de café, de no sé dónde, pero nuestro no, mismo que venden carísimo.

Otra forma de enamorarse del café como yo, además de ir a la Casa Rosada que ya le mencioné, dese una vuelta por la cafetería Suspiros que está en la 3 Norte, frente a la Colón, en donde te preparan el café al momento. Sientes como el olor embriaga todos tus sentidos, hasta los privados. Te lo sirven en una taza bonita, con una pequeña galleta casera o una empanada dulce, y es café de Chiapas, cultivado en Cacahoatán, aunque parezca del paraíso.

No sé de alguien que se niegue a tomar café chiapaneco, es más, saben de antemano que es rico si es que no lo han probado, y si ya lo hicieron, por supuesto que se les antoja ¿entonces? ¿Por qué no se puede encontrar en cualquier rincón del país? Insisto, me conformaría con que lo encontráramos en cualquier rincón del Soconusco, de Chiapas.

Ser grande no es una cuestión de tamaño, si no de actitud, y estamos dejando mucho qué desear no cree.

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